1840 - FOTOHISTORIA - 1940

UN SITIO PARA LA HISTORIA DE LA FOTOGRAFÍA ARGENTINA Y LATINOAMERICANA

                                                                                           

 

TEMPRANO TEXTO SOBRE  LA RECEPCIÓN DEL DAGUERROTIPO EN EL RÍO DE LA PLATA:

I Periódico 'EL NACIONAL' , Montevideo, 6 de marzo de 1840

El daguerrotipo, este bello y portentoso descubrimiento por medio del cual el celebre Mr. Daguerre ha conseguido fijar sobre una lámina metálica las imagenes de los objetos que con tanta exactitud y precisión presenta el sencillo aparato, tan generalmente conocido con el nombre de cámara oscura, ha causado en todas partes una admiración universal, justamente adquirida. París, Londres, Viena, San Petesburgo, Berlín, Bruselas, Madrid, Lisboa, en una palabra, todas las ciudades de alguna importancia de Europa han visto con entusiasmo los sorprendentes resultados de un instrumento que tanto honra al entendimiento humano; por todas partes el nombre de Daguerre ha sido cubierto de aplausos.

La prensa periódica, ese poderoso vehículo de la civilización, había hecho llegar hasta el Nuevo Mundo la noticia de tan preciosa invención, y las personas ilustradas deseaban ansiosamente el momento de poder admirar por sí mismas una de las más bellas creaciones del genio. Algunos individuos curiosos y otros por espíritu de especulación tenemos entendido que habían hecho demanda a Europa del nuevo instrumento óptico, por manera, que pronto iba a quedar satisfecha la ansiedad pública. En esta coyuntura, hizo escala en nuestro puerto, en su viaje alrededor del mundo la fragata francesa "Oriental'' que felizmente conducía un daguerrotipo; buque que está destinado el primero, a hacer girar por el orbe el nombre de Daguerre y de su instrumento. Montevideo, después de Bahía y Río de Janeiro ha sido uno de los tres puntos de América del Sur que han suministrado al daguerrotipo bellos e interesantes puntos de vista que copiar y la ocasión a sus habitantes de admirar las delicias y exactitud matemática con que se ha imitado la naturaleza y las obras de la mano del hombre.

Tenemos noticias de que varios experimentos del Daguerrotipo han tenido lugar en esta ciudad siendo manejado el instrumento con toda la destreza y habilidad imaginables por el Abate Compte, agregado a la expedición de la fragata Oriental, cuyo recomendable sujeto recibió del mismo Daguerre las instrucciones necesarias para operar con el acierto que hemos visto.

A la más solemne de estas exhibiciones que tuvo lugar en la mañana del 29 del mes pasado en la Sala de Sesiones de Cuerpo Legislativo, hemos tenido la satisfacción de asistir. Un concurso numeroso atraído por la novedad y el interés del acto se hallaba reunido en aquel local. Figuraban en él los Sres. Presidentes del Senado y Sala de Representantes y algunos miembros de ambas Cámaras, el Sr. Presidente del Supremo Tribunal de Justicia, el Sr. Fiscal General, varias notabilidades civiles y Militares y muchas otras personas de distinción de ambos sexos.

Vamos a hacer una reseña de la serie de operaciones indispensables para hacer uso con suceso del Daguerrotipo según las vimos practicar por el abate Compte, quien tan ilustrado, como amable y complaciente, se prestó a darnos cuantas explicaciones podíamos desear.

La primera consiste en pulimentar la lámina destinada a recibir la imagen del objeto que se quiere copiar, la cual es una chapa de cobre plateada por una de sus caras; al efecto colocada la lámina horizontalmente sobre un papel blanco se esparce sobre la superficie plateada polvos finísimos de piedra pómez y se frota ligeramente dando a la mano un movimiento circular con algodón limpio, humedecido en aceite común hasta que quede la plancha bien lisa y pulida. Se vuelven a esparcir polvos de piedra pómez, y se continúa la operación con nuevo algodón nuevamente seco.

Enseguida se lava cuidadosamente con un algodón empapado en una disolución de ácido nítrico y agua destilada en determinada proporción, es con el objeto de quitarle, según opina el célebre químico Mr. Pelouze, las tenuísimas moléculas de cobre que la plata puede contener. Se cambia el algodón varias veces; se polvorea la plancha con piédra pómez y se frota nuevamente con un nuevo algodón.

Se expone después la lámina por su superflcie no plateada a la acción del fuego hasta que la otra cara presente una ligera capa blanquísima -entonces se hace enfriar súbitamente colocándola sobre un cuerpo frío, como el mármol. Enfriada se polvorea de nuevo con piedra pómez y se frota con algodón seco, repitiendo esto varias veces hasta que desaparece aquella como nube que el fuego produjo.

Cuando la cara plateada está perfectamente bruñida, se frota como antes con el algodón empapado en disolución de. ácido nítrico repitiéndolo por tres veces, cuidando cada ocasión de esparcir polvos de piedra pómez y frotarla suavemente con algodón seco.

La segunda operación consiste en someter la lámina metálica a la acción del vapor del iodo; para esto se coloca sobre una tablilla rodeada de un marco metálico con el doble objeto de tener sujeta la lámina e impedir que el vapor de iodo se condense en mayor cantidad en los bordes que en el centro, lo que perjudicaría a la operación, cuyo buen éxito pende de la partición uniforme del iodo por toda la superficie.

Se adapta la lamina al orificio de la caja, con la cara plateada para abajo y se tapa, se deja la lámina expuesta a la acción del iodo hasta tanto que se cubra de un hermoso color de oro.

Esta operación debe hacerse en la oscuridad dejando penetrar solamente en.la pieza en que tenga lugar, la claridad suficiente para asegurarse de la coloración de la lámina.

La tercera operación consiste en poner la lámina.en foco de la cámara oscura colocada frente del objeto cuya magen se quiere reproducir, cuidando al hacerlo, de preservarla de la acción de la luz difusa pues es tal su impresionabilidad, que un solo instante bastaría para desgraciar el experimento.

No es posible determinar el tiempo que debe permanecer la lámina dentro de la cámara oscura por que dependen de la intensidad de luz reflejada por los objetos que se quieren reproducir de la estación y hasta de la fuerza de la luz polar según la hora del día en que se opere.

En tal estado la imagen no es todavía perceptible; la lámina debe sufrir aún la acción de un segundo vapor que es el del mercúrio, el cual es el agente que, puede decirse, le da la vida y esto constituye la cuarta operacion.

Para esto se coloca la lámina en otra caja en cuyo fondo se halla una cápsula con mercurio dándole una inclinación de 45 grados y se calienta el mercurio por medio de una lámpara de espíritu de vino colocada debajo de la cápsula hasta la temperatura de 60 a 75 grados del termómetro centígrado. Se apaga entonces la lámpara y cuando el mercurio ha bajado a 45 grados se saca la lámina porque esta concluida esta operación, y la lámina ofrece la imagen del objeto que se ha querido reproducir, que con el descenso de la temperatura del mercurio ha ido haciéndose progresivamente más visible.

La inclinación de 45 grados que se da a la lámina es indispensable como hemos dicho para que los objetos se presenten en posición vertical que es la natural; porque si se pusieran horizontalmente, los objetos no serían vistos sino dándole una inclinación de 45 grados.

La quinta y última operación la constituye el dar un baño entibiado a la lámina primeramente de agua pura y luego con una solución de hiposulfito de sosa a la temperatura ordinaria o bien con una de sal común que se haya calentado previamente, concluyendo la operación con una nueva inmersión en agua destilada caliente, todo con el objeto de hacer desaparecer de la superficie de la lámina todo vestigio de iodo que con el tiempo pueda alterar el diseño.

Finalizadas estas operaciones que recuerdan la de los antiguos alquimistas, sin que debamos arredrarnos con la complicación que a primera vista presentan, porque con alguna práctica cualquier persona madianamente prolija puede ejecutarlas sin mayor dificultad, está concluido el experimento.

Cuando el Sr. Abate Compte hubo llenado todos estos preceptos de Daguerre, ofreció a la admiración de los circunstantes una hermosísima lámina que representaba el frontispicio de nuestra iglesia principal, en la cual desgraciadamente por la demasiada proximidad en que estaba colocado el aparato, las reducidas dimensiones de la lámina, y sobre todo por la elevación de las torres, aparecieron éstas como truncas en su cúspide; proyectándose en el fondo del cuadro y allá a lo lejos el ancho y caudaloso Río de la Plata formando horizonte y muy distinta la fragata francesa ''Atalante", contrastando singularmente por sus diminutas proporciones con la magestuosa mole del templo. No es posible que ningún artista por hábil que fuese, sacase una copia más exacta de aquel monumento, aunque consagrase a esta tarea mucho tiempo y trabajo. Pero a primera vista no hubiera sido fácil penetrarse de lo portentoso dcl cuadro; la admiración subió de pronto cuando se examinó con una lente de aumento y se vieron detalles y particularidades que habían escapado a la simple vista y que parecía imposible pudiesen hallarse en una estampa tan pequeña, porque cuanto mejor es el vidrio de aumento que se emplea para observar esta clase de cuadros, más pormenores, más circunstancias accidentales se descubren.

Otra exhibición del daguerrotipo tuvo lugar en el. mismo día en casa del Sr. O. Santiago Vázquez, tambien a presencia de una grande reunión en la que figuraba el Sr. Ministro de Gobierno, la cual dio por resultado una lámina de la casa de representantes, en que había tenido lugar la experiencia anterior, cuyo correcto dibujo, merced al abate Compte se ha podido conseguir que quede en Montevideo. Nada deja de desear esta lámina sino que sus dimensiones fuesen mayores.

Mediante pues el invento de Daguerre, bastará detenerse algunos instantes delante del monumento más grandioso y complicado, del paisaje más variado, del modelo más perfecto de escultura, para obtener una representación exactísima de estos objetos con sus más diminutos detalles y proporciones; y lo que es más con todas las gradaciones de las sombras y esto con una identidad y un primor desconocidos hasta aquí.

Por manera que este instrumento parece destinado a causar la desesperación de los que consagraron muchos años al estudio del paisaje, la pintura y todo lo relativo a la perspectiva lineal. Cuánto trabajo, cuánta contracción nos ahorrará este invento sublime al viajero que antes veía absorbida la mayor parte de su tiempo por el dibujo y delineación de los objetos que se presentan a su vista. ¿Y quién podrá calcular las aplicaciones quede él podrá hacerse a las ciencias naturales y exactas? Ya empiezan a verificarse algunas de ellas; pues si es cierto como lo asegura Mr. Bayard, que pueden obtenerse por el daguerrotipo en tres minútos con una gran perfección de diseño las copias más acabadas de abultadas imágenes de los objetos diminutos, formadas por el microscopio solar, podrá el naturalista estudiar a su gusto la organización y las formas tan variadas como caprichosas de los seres más pequeños de la creación y ya los geometras se proponen sacar partido de la proporción matemática de las dimensiones con que reproduce el daguerrotipo los objetos para encontrar, aunque sean inaccesibles, su verdadera altura.

Una vez producidas las imágenes que se obtienen por este procedimiento, la acción de los rayos solares prolongada por muchos años no daña ni a su pureza, ni a su brillo, ni menos a su armonía; pero la luz de la luna por una singular anomalía las altera. Desgraciadamente tampoco resisten el menor roce de otros cuerpos y no es este el menor de los inconvenientes de este instrumento ingenioso. Para obviar a éste el ilustre químico Mr. Dumas depués de algunos ensayos ha propuesto el empleo de una especie de barniz hecho con dextrina* mezclada con agua en la proporción de uno a cinco, pero falta saber si con el tiempo alterará las imágenes. Si se observase algún deterioro, sería fácil remediado al momento porque en virtud de la solubilidad del barniz, bastará sumergir la lámina en agua caliente para que.aquél desapareciese.

Es sensible que el daguerrotipo no se puede aplicar a sacar retratos, que a ser posible serían sumamente parecidos, pera a ello se opone la dificultad casi insuperable de la completa inmovilidad del rostro y principalmente de los ojos, estando aquel expuesto a los rayos del sol, pero Mr. Daguerre ha observado que puede preservarse la vista interponiendo entre ella y el sol un vidrio azul que en nada perjudica a la acción de la luz sobre la lámina del Daguerrotipo.

Son considerables las modificaciones con que cada día se perfecciona este admirable instrumento. El mismo Daguerre acaba de simplificar la primera operación de que hemos hablado anteriormente. Sustituyendo a la piedra pómez la sustancia conocida con el nombre de Trípoli de Venecia, con lo que los tres pulimentos de la lámina con que se termina dicha operación se reducen a dos, lo mismo que las aplicaciones del ácido nítrico diluido.

El fabricante de instrumentos ópticos Mr. Cauche ha logrado dar a las imágenes de los objetos representados en las láminas del daguerrotipo el mismo lugar que estos ocupan en la naturaleza, con la construcción de una lente objetiva para la cámara oscura prismática y acromática que tiene a más de esto la ventaja de exigir menos tiempo que el que sería preciso, si se emplease para remediar este defecto tan notable de los actuales aparatos un espejo paralelo, que casi siempre altera las formas de las imágenes y las vuelve nebulosas. Mr. Donné ha hallado ya el medio de reproducir por la acción de un ácido entre las imágenes fotogénicas en grabados exactísimos de las mismas.

Por último Mr.Seguier ha reducido el aparato a las menores dimensiones posibles poniendo las ca¡as destinadas a exhalar los vapores de iodo y del mercurio y la lámpara de espíritu de vino dentro de la caja de la cámara oscura, cuando antes estaban separados, lo que hace mucho nás portátil el aparato. La cámara oscura asemeja según esta nueva disposición a una plancheta de agrimensor que permite colocarla en tres posiciones diversas según la forma que se quiera dar a la imagen, y finalmente el pie de la plancheta forma la armazón de una pequeña tienda de encerado negro, que se puede meter en la faltriquera, y dentro de la cual se logra exponer la lámina a la acción del iodo en campo raso, sin que se permita el contacto de la luz sobre la lámina.

Los dibujos obtenidos por medio del d.agu9rrotipo, sin embargo de la perfección a que por otro lado alcanzan no se presentan con los colores variados de la naturaleza. Ellos tienen la apariencia de una hermosa estampa delicadamente impresa sobre una tersa lámina y pudiera decirse con más propiedad que los objetos aparecen como vistos en medio de la noche a la luz plateada de la luna. Sin embargo, de las tentativas que se han hecho y probablemente se harán para la reproducción de los colores es opinión general que no llegará el arte a tan alto grado de imitación. ¿Pero quién es capaz de poner límites al entendimiento del hombre?

Más afortunado que los que, antes que él, se habían dedicado a la tarea de buscar los medios de fijar las imágenes fugaces de la cámara oscura, Mr. Daguerre, aprovechándose de los perseverantes y dispensiosos esfuerzos de Mr. Niepce, que se ocupaba en ensayos tendientes al mismo objeto desde el año 1814, ha visto por fin premiada su constancia.

Desde 1827, Mr. Niepce había conseguido dar un gran paso que era, por medio de un aparato que denominó Heliógrafo sacar copias de los objetos, pero con suma lentitud y trabajo, pues para formar uno de sus dibujos eran necesarias nada menos que diez o doce horas.

En 1829, sabiendo ambos que sus investigaciones se dirigían a un mismo fin, Niepce y Daguerre formaron una sociedad para la común explotación de sus trabajos fotogénicos. Entonces, Daguerre sabiendo sacar partido del sistema de sus socios e inspirado por el genio consiguió, siguiendo un rumbo peculiarmente suyo, después del fallecimiento de aquél, ver coronadas sus esperanzas del modo más brillante, como hemos visto.

El gobierno de la Francia anticipándose a las brillantes ofertas de soberanos extranjeros se apresuró a obtener la publicación del secreto del Daguerrotipo, mediante una pensión de 10,000 francos anuales partibles del modo siguiente: 6,000 Fr. a Mr. Daguerre y 4,000 al hijo de Mr. Niepce, con quien aquél había estipulado repartirse las ventajas que pudiese sacar de sus descubrimientos.

Para completar esta noticia del daguerrotipo y satisfacer a los inteligentes en materias químicas, mencionaremos una de las teorías con que se ha querido aplicar la acción del iodo y del mercurio sobre la superficie plateada de la lámina. Ella ha sido presentada a la Academia de Ciencias de París por Mr. Donné, el mismo que ha logrado reproducir en el grabado las imágenes del aparato de Daguerre; y al efecto vamos a transcribir sus propias palabras.

"Cuando se observa una lámina que se haya sujetado a la acción del iodo con un microscopio que aumente de 150 a 200 veces las dimensiones dc los objetos se advierte que la delgada capa que se ha depositado sobre la plata es uniforme, homogénea y sin la menor apariencia que indique que el iodo afecta el estado cristalino. Además esta capa no se evapora si se somete la plancha metálica a una elevada temperatura. Todo lo que induce a creer que el iodo está en realidad combinado con la plata y que la capa de color de oro es un verdadero iodureto argentífero.

"Ahora bien la capa en cuestión está muy adherida a la lámina de plata en el momento en que se suspende la acción de los vapores del iodo y antes de someterlo a la del fluído luminoso por cuyo motivo resiste tenazmente a la frotación, pero bajo la influencia de la luz se opera en esta capa una importante modificacion, cual es la de destruir sus adherencias con la superficie metálica subyacente, en términos de bastar el menor roce para desprenderla de ésta.

"Esto supuesto, veamos lo que sucede cuando se expone a los vapores mercuriales la plancha metálica, sujeta previamente en la camara oscura a la energía química de la luz, en las partes iluminadas de la imagen la capa del iodureto de plata no puede preservar a este metal de las acciones del mercurio, pues que no tiene adherencia ninguna con la plancha, razón por que después de la operación se ve este metal condensado en gotitas muy sensibles al microscopio como ya lo había observado Mr. Dumas sobre todos los puntos heridos por la luz en tanto que en las partes sombreadas, la capa de iodureto no ha permitido que se fijase el vapor del mercurio y esto es precisamente lo que demuestra la inspección microscópica: no se observan glóbulos de mercurio en los puntos enteramente sombreados y se perciben solamente algunos en los medios tintes''.

"Cuando se expone a la acción de los vapores mercuriales la plancha cubierta ya de su tenue capa de iodo y sin haber pcrmitido que la luz ejerciera su influencia sobre ésta, no se fijan en su superficie glóbulos de mercurio. Esta capa de iodo no modificada se pone a toda amalgama, y eso es lo que explica la dificultad que se experimenta para obtener dibujos fotogénicos cuando se ha dejado la lámina demasiado tiempo expuesta al vapor del iodo, es decir, cuando ya tiene una capa bastante gruesa para que la acción de la luz no penetre en todo su espesor limitándose únicamente a modificar su superficie".

Las precedentes líneas nos parado que contienen lo bastante para que el público pueda formarse una idea de lo que ese daguerrotipo y del mérito e importancia de esta invención, que sin disputa es una de las más brillantes y maravillosas adquisiciones de genio; destinada a formar época en los anales de las ciencias; quizás hayamos sido demasiados difusos más impulsados del interés que inspira el asunto, la pluma ha corrido mal de nuestro grado.

Si lográsemos inspirar a los lectores el entusiasmo que nos anima por el precioso invento de Daguerre, quedarán satisfechas nuestras más avanzadas aspiraciones pero no nos lisonjaremos de haberlo conseguido con nuestro imperfecto trabajo.